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Operación Palace fue un documental dirigido por Jordi Évole sobre el intento golpista del 23 F.  Con políticos y periodistas como cómplices, Évole  plantea que todo lo sucedido la jornada del 23 de febrero de 1981 había sido un montaje político  dirigido por Jose Luis Garci  en el que políticos de todos los colores, algunos periodistas e incluso el Rey estaban aliados para fortalecer la recién instalada democracia en España. Al final del especial se descubre que todo es ficción, después de haber conseguido engañar a la gran parte de la audiencia.

 

Opinión de Jordi Évole sobre "Operación Palace"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El objetivo de Jordi Évole es criticar la falta de transparencia acerca de un asunto que marcó la historia reciente de España, pero también es una llamada de atención a un público que no filtra las informaciones que recibe, y cree ciegamente en lo que los medios le cuentan. 

 

Jordi Évole y Stephen Glass, aunque con diferentes objetivos, se basan en la misma teoría a la hora de contar sus falsas informaciones: el idealismo radical. Se aprovechan de una audiencia  prisionera de sus percepciones que no ven más allá de lo que leen o escuchan, y no suelen juzgar la información que transmite. Este ambicioso proyecto es el ejemplo más cercano en cuanto a proximidad y tiempo que podemos analizar, para entender más fácilmente el proceso que llevó acabo Stephen Glass con sus lectores.

 

El falso documental causó un gran revuelo mediático, con opiniones a favor y en contra, mientras las explicaciones de Evole eran claras: “Seguramente otras veces les han mentido y nadie se lo ha dicho” 

 

Uno de los artículos más duros fue el escrito por Marcos Blafagón en el diario El País titulado “Una broma sin ninguna gracia”: 

http://elpais.com/elpais/2014/02/24/opinion/1393270461_952870.html?rel=rosEP

 

 Blafagón sentencia así su reflexión sobre el documental de Jordi Évole:

La intentona golpista del 23-F mantuvo con el corazón en un puño a muchos de los españoles de 1981, que se jugaron las libertades recién recobradas después de 40 años de dictadura. Reírse de ello tiene muy poca gracia. La ficción ha dado al mundo magníficos relatos en forma de novelas, películas y programas; pero la modernidad aplicada al periodismo no puede llegar a confundir mentiras con verdades.

 

 

Otro profesional de El País que no considera periodismo el especial “Operación Palce” es Alex Grijelmo que publicaba una columna de opinión titulada  “Jordi Evole y la división de los géneros periodísticos”: 

http://elpais.com/elpais/2014/03/04/opinion/1393964550_945694.html?rel=rosEP

 

En este artículo de opinión defendía la legitimidad del trabajo del periodista catalán, pero en ningún caso lo considera un trabajo periodístico.

 

La gente da por bueno lo que le cuentan los periodistas, sobre todo si la información y la opinión van por caminos claros y diferentes. Aprovecharse de ello con fines comerciales para hacer una broma es legítimo, forma parte del espectáculo. Nada que objetar. Pero no es periodismo. El periodismo sostenido por unos pilares éticos se basa en la premisa de que el lector tiene derecho a saber desde el principio en qué registro se le cuentan las cosas.

 

Pero no toda la opinión pública fue en contra de Évole:

 http://blogs.lainformacion.com/zoomboomcrash/2014/02/24/tres-contundentes-lecciones-de-operacion-palace-el-falso-documental-de-jordi-evole/

 

Carlos Salas publicaba en su blog personal una entrada dedicada al documental emitido por La Sexta titulada “Tres contundentes lecciones de operación palace”  de la que cito aquí los siguientes párrafos.

 

Muchos espectadores picaron porque desde el director José Luis Garci hasta periodistas como Luis María Ansón o Fernando Ónega se prestaron a la farsa.

Al final del programa, Evole reveló que hizo ese documental falso debido a que los papeles secretos del 23F no podrán ser consultados hasta que pasen 50 años. O sea, cuando casi no tengan efecto.

En las redes sociales hubo tantos comentarios a favor y en contra, que el documental ya habrá marcado un récord. Y ahora, ¿qué lecciones se pueden aprender? Para mí, tres.

1. Es muy fácil engañar a la opinión pública. Cada día surgen cientos de fakes en forma de vídeos o montajes fotográficos. Uno de los últimos fue la falsa foto de Hugo Chávez intubado. ¿Quieren un ejemplo peor? Los servicios secretos de EEUU engañaron a The New York Times sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak en 2002. Nunca existieron. Pero el NYT publicó tantos informes y declaraciones de ‘ingenieros químicos iraquíes’ que EEUU y más países fueron a la guerra. Una mentira.

2. Los gobiernos mantienen en secreto demasiados documentos. Una cosa es no revelar información que afecte a la seguridad nacional, y otra es mantener bajo llave documentos históricos que el pueblo debe conocer. Han pasado 33 años del 23F y poco a poco se van conociendo más cosas. En 2003, elmundoTV emitió a través de Antena 3 las conversaciones entre García Carrés y Tejero que ayer se reproducían. ¿Es que nos van a seguir ocultando papeles? A escala internacional, hay muchos documentos secretos desde la Segunda Guerra Mundial que aún no conocemos.

3. En este país no hay sentido del humor. España es un país tan conservador que no admite que se juegue con estas cosas. He leído críticas de gente de izquierdas y de derechas al programa. No admiten que se les haya tomado el pelo. No hay sentido del humor.

 

Lo que está claro es que la audiencia ha pecado de idealismo radical de una manera innata. Unas cuantas décadas nos separan de la invasión extraterrestre ideada por Orson Welles que conmovió a los oyentes de la radio americana en 1938,  sin embargo, aún a día de hoy, nos tienen que advertir de que no todo lo que percibimos es una verdad absoluta.

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