Periodismo 3.0
Teoría de la Comunicación Social
Framing de la personalidad de la princesa: las dimensiones del personaje
El fallecimiento de Diana de Gales despertó en la opinión pública internacional (como ya había sucedido durante su vida) una oleada de apasionados sentimientos. Su cercanía al pueblo inglés y a la opinión pública mundial la convirtieron en un símbolo de la sociedad británica, capaz de atraer la atención desde múltiples puntos de vista. Así, pocas horas después de recibir la noticia del fallecimiento de la princesa, el primer ministro británico, Tony Blair, definía a Diana como “un ser humano maravilloso y sensible”. Y continuaba diciendo: “Como cualquier otra persona en el país hoy estoy completamente hundido en la tristeza (...). Ella era la Princesa del Pueblo y así es como se la recordará y permanecerá en nuestros corazones y recuerdos para siempre”. Él fue quien popularizó con estas declaraciones el término “Princesa del pueblo”, y quien eligió como lectura en el funeral de Diana en la Abadía de Westminster el pasaje de la primera Epístola de San Pablo a los Corintios, dedicada al amor. Como recogía la prensa, “amor” fue la palabra más repetida durante las exequias de Diana, seguida de “compasión”, con clara referencia a su labor caritativa y humanitaria.
Por otra parte, el cantante británico Elton John con la versión de su tema “Candle in the wind”, entonada durante la ceremonia fúnebre, consagró otra de las denominaciones más conocidas con las que se que se alude a la princesa: “Rosa de Inglaterra”. Los primeros versos de su canción -que, tras las exequias, alcanzaría grandes ventas- eran: “Adiós, Rosa de Inglaterra; no dejes de crecer en nuestros corazones”.
Con estas y otras denominaciones con las que todavía hoy se conoce a Diana de Gales, se podrían hacer diferentes tipos de clasificaciones. Tomando términos usuales en Psicología Social, sería posible, por ejemplo, destacar aquellas que poseen un carácter “simbólico”, como las mencionadas “Rosa de Inglaterra” y “Princesa del pueblo” (esta última hace directamente referencia a su cercanía a todas las personas, incluidas las más necesitadas e indirectamente a los deseos de modernización de la monarquía presentes en la opinión pública británica). Lo mismo cabe decir de otra que aparece también con cierta frecuencia en los medios de difusión, “Reina de corazones”. Por otra parte, es también habitual encontrar en la prensa diminutivos de Diana, como “Di”, “Lady Di”, o referencias a su persona que revelan una gran familiaridad con el personaje, poco frecuentes respecto a otras personas de su rango. A este conjunto las denominamos afectivas. Por último, los diarios también recogen denominaciones “objetivas” como “Diana Spencer”, “Diana de Gales” o “Princesa de Gales”.
La clasificación a la que se acaba de hacer referencia aporta diferentes frames que utilizan los medios españoles cuando se enfrentan a Diana de Gales. En este sentido, llama la atención el alto porcentaje que encontramos en los medios españoles de lo que hemos llamado denominaciones “afectivas”, frente a las “simbólicas” y las “objetivas”. Y es que, como señala I. Jack, en este suceso nadie podía ser objetivo o escéptico ya que se le hubiera acusado de no tener sentimientos. Este autor señala con acierto que, en el caso del funeral de Diana de Gales, se puede hablar de espiral del silencio tal como la define Noelle-Neumann. A este respecto Mancini apunta lo siguiente:
No sólo existen datos empíricos que corroboran esta interpretación, sino que se puede formular la hipótesis de que, frente a un duelo que los medios de difusión tendían a diseñar como unánime, muchos se sintieron empujados y a la vez tranquilizados participando en él. La tendencia al conformismo, a adaptarse al “consenso aparente” fue efectiva.
¿Cómo enfocó la prensa española la personalidad de Diana? Prevaleció la familiaridad a la hora de referirse a Diana Spencer. El País y El Mundo prefirieron las denominaciones “Diana” (en el 60% y el 40% de los casos, respectivamente) o “Lady Di” (en un 7% y un 22% de sus informaciones respectivamente). Sin embargo, ABC se ha inclinado por referencias más formales. Así, en el 49% de los casos se ha referido a Diana Spencer como “Diana, princesa de Gales” y prácticamente sólo en los titulares (donde el espacio está más limitado) y en los escritos firmados por sus columnistas, ha hecho uso del término “Diana”. Las alusiones a “Diana de Gales” en El País y El Mundo han sido significativamente menores (8% y 5% respectivamente).
Acerca de las referencias que hemos llamado “simbólicas”, comprobamos que su empleo resultó escaso (apenas suman el 2% en el conjunto de los diarios). Sin embargo, un análisis de tipo cualitativo revelaría una presencia mucho mayor en los textos, aunque no fuera como denominación más utilizada. Por otra parte, términos como “Rosa de Inglaterra” se popularizaron después del funeral, tras la intervención de Elton John, y, por tanto, están fuera del período de estudio. Aún así, todos los medios seleccionados destacan como denominación principal, al menos una vez, “Rosa de Inglaterra”.
Por otro lado, tras su muerte, Diana acaparó el interés y la atención de la prensa española, en primer lugar, por lo que representaba: había sido -y se le seguía considerando como tal- un miembro de la familia real británica (ex-mujer del heredero, madre de un futuro rey, una princesa de “‘cuento de hadas’ y romance”). Por tanto, su relación con la monarquía constituye una de las primeras razones que tienen los medios para fijarse en su figura. Así, de las informaciones que resaltan algún aspecto específico de su personalidad (las categorías empleadas se incluyen en la Tabla “Aspecto destacado de la vida de Diana de Gales”, que aparece más adelante), un 13% se centran en su vida como princesa de Gales. Sin embargo, Diana Spencer parece representar para la opinión pública sobre todo una serie de valores. De ahí que su faceta como promotora de actividades benéficas y embajadora de su país en el extranjero sea la más destacada por los medios (un 16% en total), superando incluso a la de princesa de Gales. Y es que, después de su separación del Príncipe Carlos de Inglaterra, su vida continuó teniendo mucho atractivo para el pueblo y los medios. Se puede decir, como destacó El Mundo en un editorial, que conocimos a dos Diana Spencer:
En menos de veinte años, la opinión pública mundial ha conocido a dos Diana Spencer. La primera (...) fue la princesa de la boda del siglo, contemplada por más de 700 millones de espectadores; la sonriente madre de Harry y William... y pocos años después, la atormentada, la hundida princesa (...). Vino luego el aparatoso estallido público de la crisis matrimonial, la separación que desembocaría en divorcio... y con él, la aparición de una nueva Diana Spencer, liberada de ataduras, independiente, obviamente más alegre, dedicada a vivir su vida y a defender las causas más dispares, abrazadas sin más criterio que el de su hondo sentimiento.
Por otro lado, en un número también significativo de informaciones se destaca su papel de madre (9%) y su belleza exterior y personal (9%). Así, parece que, tras su muerte, las críticas a las que había sido sometida parecen haberse disipado en gran medida: sus relaciones extramatrimoniales (que todavía aparecen destacadas como aspecto principal de su vida en el que se centra la información en un 7%); su vida frustrada y su inestabilidad emocional (3%); y otros aspectos que podrían considerarse más superficiales, como sus relaciones con famosos y con el mundo de la moda (éstos aparecen en un 4% de las informaciones). Así, se deja atrás también la imagen superficial de Diana.
Estos rasgos de la personalidad de Diana, analizados por medios, revelan diferentes enfoques de la realidad (véase Tabla “Los enfoques de la personalidad de Diana de Gales”). Por un lado, El País se fija muy especialmente en su papel como madre y en la relevancia de sus actividades benéficas, es decir, en su faceta más personal. Por otra parte, ABC destaca también sus acciones caritativas, en un porcentaje similar a El País y el resto de sus informaciones se centran sobre todo en aspectos de su vida como princesa y su belleza.
Frente a estas caracterizaciones, la manera de “encuadrar” la figura de Diana de Gales que realiza El Mundo es claramente diferente. En primer lugar, destaca sobre todo su vida como princesa y en segundo lugar, insiste por igual tanto en sus relaciones extramatrimoniales como en sus actividades benéficas.
Los enfoques de la personalidad de Diana de Gales (en porcentajes)





